Ella le deseaba con todo su cuerpo, con su sensualidad recién descubierta, con todo el amor prematuro que una joven de 17 años podía sentir. Él la deseó desde que la vio, cada vez que esta se lo permite se aferra a sus pechos, los estruja, los lame y los besa. Sólo separaba sus labios de los de él para contarle cualquier cosa.
Gozaban de sus cuerpos apresurada y despreocupadamente apenas tuvieran oportunidad: cuando se escabullían para rentar el cuarto frío de algún motel o en el coche después de haber bebido de más. Se contaban y cumplían sus antojos o fantasías sexuales con curiosidad. Tenían la capacidad de sentirse solos en el mundo estando encerrados en el baño pestilente de alguna fiesta.
Esta capacidad y un vestido de verano largo y amplio, el clima, la privacidad de la sala familiar, una película de la nunca se volvieron a acordar, el momento; los hizo besarse con desenfreno, acariciarse sin prisa e ir encendiendo el deseo acumulado de una vez. La excitación de usar un lugar prohibido para satisfacerse les nubló la conciencia.
Él palpó sus pechos medianos con sus blanquísimas manos, succiono suavemente los pezones café, la tomo de las nalgas, tiro del largo cabello castaño para acercar su lengua a la oreja con aretes redondos, subió con ansias el largo vestido naranja deslavado, guardó las pequeñas bragas blancas de niña debajo del sillón, busco su humedad, sus largos y afilados dedos en hábil movimiento la hicieron gemir, llover entre sus piernas separadas por las manos masculinas, la hizo suplicar la penetración, escurriendo entre sus dedos, le encantaba tener el control:
— ¿Te gusta así, zorra? ¿Te gusta que te sobe?
— Sí, sí, sí, sí, sí, ¡ya, por favor, metémela!
Cuando sintió ganas la tomo de las amplias caderas y la embistió de un solo movimiento, golpeó las nalgas con toda su mano. En pleno vaivén antes de sentir el clímax, parado en la puerta que separaba en pasillo de la sala el papá de él ordenándoles vestirse, asegurandose que todos cogen e irremediablemente incómodo. Desearon regresar algunos minutos, entendieron para que sirve el pudor.
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