No soy particularmente desordenada ni sucia, pero siempre lo he creido. Es mi estigma familiar, vivir con la idea de que no eres tan femenina, ni tan pulcra, ni tan preocupada por tu aspecto no es tan malo, digo realmente lo considero un trauma.
No soy feminista, creo en la igualdad de derechos, ¿por qué el ser mujer me haría mucho más limpia y ordenada? Digo tampoco vivo en la inmundicia. Ser hombre en mi casa te da la libertad de dejar tus calcetines y calzones regados sin considerarte desagradable.
En cuanto a la privacidad no tengo derecho a tenerla.
- ¿Para qué te encierras?
Pues para masturbarme, mamá. Por Dios. En mi despertar sexual si creí que era una chica sucia y si ríe a carcajadas si quieres, creí que las niñas pulcras y normales no tienen mis inquietudes todavía, las pendejas con las que platicaba lo corroboraban. En palabras de mi abuela "eres una rosa y si te tocan te marchitas". El sexo es doloroso y solo es necesidad primaria del hombre, jamás lo dijeron pero eso entendí, hasta que deje esas chingaderas lo más lejos que pude digo nunca te escapas totalmente de la manera en que creciste. Tal vez por eso al dar mi opinión sobre sexo me encanta escandalizar, para decirles: no es cierto.
Mi abuela no me ayuda a prepararme algo para comer, me estaría mal acostumbrando puesto que cuando me case mi esposo me va a reclamar mi falta de habilidades culinarias, que voltear tortillas con las manos, que hacer la proeza de aguantarte el aceite salpicando mientras volteo una pinche milaneza mientras pregona: "a las mujercitas no les duele".
Me molesta la distinción, por supuesto pero ¿qué tanto me puede afectar? Tengo mi cerebro, nadie me dice que pensar.